Ella estaba encima de él. Sólo lleva puesto una camiseta a rayas y la parte de abajo de un conjunto de ropa interior a juego. Él tenía sus brazos rodeando su cintura. Ella se sentía pequeña pero protegida. Su cabello largo moreno y lacio le hacía cosquillas, pero a él no le importaba. Se miraban a los ojos. Se intuían las sonrisas. Jugaban a mantener el impulso de besarse. Tan solo los separan 3 milímetros. Sentían su aliento. En sus ojos, la ternura del momento. Su mano izquierda le acariciaba los muslos y subía para detenerse justo donde empezaban sus curvas. Él cambió su mirada. Sin previo aviso la cogió de las manos. Dieron la vuelta. Él estaba arriba. Ella abajo. Él la presionaba contra el colchón. Ella sentía como el corazón le latía más fuerte. Ambos sonreían pero aas miradas eran las de dos animales salvajes. Él apretaba cada vez más sus manos mientras se acercaba. Ella sintió que aún esta demasiado lejos y ansío sus labios. Contaban segundos. Tres... Dos... Uno... Contacto. Sus labios se rozaron. Sintió como una tormenta eléctrica azotandola. Sentía como la corriente le recorría la columna vertebral. Notó como se le erizaba el vello del cuerpo entero. Notó como las manos de él dibujaban espirales por su ombligo descendiendo lentamente hasta la prenda de encaje. Ella sudaba. Él recorrió la circunferencia de su ropa interior colocando el dedo entre la prenda y su piel. A ella le temblaban las rodillas. Él mostraba una seguridad que a ella le cautivaba. Ella notó su aliento en su cuello. Parecía susurrar palabras. Ella sólo notaba los silbidos que hacían danzar las raíces de su pelo. Ella entreabría la boca expectante de su siguiente movimiento. Se sentía acorralada . Como si su cuerpo fuera un campo de batalla. Llena de explosiones. El ritmo de los corazones no podía ir más rápidpo. Él estaba loco. La velocidad era vertiginosa. Sus manos profanaban el cuerpo de ella. Ella dejaba atrás los suspiros para dar paso a los sonidos. Todo temblaba. Miradas. Sudor. Electricidad. Mordiscos. Suspiros Caricias. Arañazos. Gritos.
Abre los ojos.
Se vio sola en la cama sudando. Su corazón latía tan rápido como podía imaginar. No se creía que fuese un sueño. Entró en la habitación un hombre. Su mirada era tierna. Ella se sentía pequeña pero protegida. Ambos sonrieron. Ambos guardaron al animal que llevan dentro. Se abrazaron. Se besaron. Se miraron.... ¿Repetimos?
Sonrisas.
---- Börch S. Rose ----
sábado, 24 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario