Y dijo el maestro al alumno, no te asustes, no has de temer los examenes. El alumno recelaba, porque de sobra es sabido lo temidos que son los examenes, pero confiando en su maestro cerró los ojos y se dejó examinar ¿por qué no? y alumno y maestro marcharon toda la tarde hablando de temas como la luz, la distancia, la música y las personas. El maestro atento a cada movimiento, a cada palabra de su alumno, a cualquier gesto que revelara más información, la que necesitaba para saber como de brillante podría ser el alumno. El alumno inconsciente de su examen desplegó su arsenal, pasó por el anillo de fuego demostrando al maestro más valía quizas que la del propio maestro, llamado así meramente por la discreta situación. Bajó el sol y sin darse cuenta el maestro era a ratos alumno, el alumno a ratos maestro y todo al mismo y tiempo y hasta quizás del revés. El tiempo de examen había pasado y ahora eran solamente dos hormigas contemplando un hormiguero y hurgando en sus pasados.
El maestro volvió a casa y el examinador decidió que debía estudiar más....
No, no me equivocado, lee bien y entiende lo que quieras. Ya sabes, sólo son símbolos...¿no?
---- Börch S. Rose ----
lunes, 22 de marzo de 2010
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